Bajo las estrellas estuve algún día, igual que hoy e igual que ayer,
llenándome de su brillo místico que embruja e hipnotiza a la vez,
contemplando no sé que, pensando quien sabe que cosas,
ciertamente estuve ahí y ahí estoy, solo ellas y yo,
su mágica luz, no tan mágica, y mi oscuridad mas negra que la noche,
sin pensar y sin hacer cosa mas que mantener los ojos abiertos mirando hacia el cielo,
hacia aquellas que se dejaban ver,
las cuales estaban haciendo que el mundo y todo en rededor se desapareciera en un instante,
en el que toda mi vida se paralizó y había quedado solo en movimiento mi corazón,
el cual intentaba por todos lo medios de quitar la parálisis de toda una revolución,
la cual se asemejaba a un éxtasis profundo e indescriptible,
que quedo en una planicie llamada nada ...
... Pero la mágica luz de las estrellas no me podía devolver por siempre
la alegría y la paz que se habían ido con el viento de los problemas marchantes,
de las criticas y las palabras degradantes producidas por los demás,
que inconcientemente lo hacen para que las personas
caigan en las manos del ángel de la muerte terrenal ...